
En esta edición se han mantenido las convenciones ortográficas deloriginal, incluyendo las variadas normas de acentuación presentes en eltexto. (la lista de los errores corregidos sigue el texto.) NOVENA PARTE: IX, X. |
VICENTE BLASCO IBAÑEZ
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NOVELA
TOMO NOVENO
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EDITORIAL COSMÓPOLIS
APARTADO 3.030 MADRID
Imprenta Zoila Ascasíbar. Martín de los Heros, 65.—MADRID.
El entierro de Alvarez.
Estaba Zarzoso leyendo la sección de noticias de un periódico de lanoche y se disponía ya a acostarse, en vista de que los relojes de laplaza del Pantheón acababan de dar la una de la madrugada.
Las caídas cortinas del lecho ocultaban a Judith, que roncaba conbastante estrépito, y la luz del quinqué crepitaba de un modo alarmante,dando a entender que estaba próxima a apagarse por falta de petróleo quealimentase su llama.
Sonaron atropellados pasos en el pasadizo que conducía a la habitación,y Zarzoso, sin poder explicarse el motivo, sintió cierto sobresalto,pues sus nervios se hallaban muy excitados a causa de una reyerta quehabía tenido con la hermosa rubia, antes de acostarse ésta.
Llamaron a la puerta con dos suaves golpes, y el joven se apresuró aabrir, presintiendo que algo grave ocurría. En la penumbra del pasillopercibió a Agramunt, que parecía haberse vestido apresuradamentemomentos antes, pues todavía se estaba abrochando el chaleco, y llevabala corbata sin anudar. Tras él aparecía un viejo, de aspecto ordinario,que mostraba ser por su aire un portero de casa pobre.
Agramunt hablaba con voz queda y acento misterioso.
—¿Estás solo, Juanito?—preguntó—. ¿Duerme Judith?
Zarzoso contestó con un gesto afirmativo, y entonces su amigo seapresuró a decir:
—Toma el somb